Examíname otra vez
"¡Cuán preciosos me son, oh Dios, tus pensamientos! ¡Cuán grande es la suma de ellos! Si los enumero, se multiplican más que la arena; Despierto, y aún estoy contigo. De cierto, oh Dios, harás morir al impío; Apartaos, pues, de mí, hombres sanguinarios. Porque blasfemias dicen ellos contra ti; Tus enemigos toman en vano tu nombre. ¿No odio, oh Jehová, a los que te aborrecen, Y me enardezco contra tus enemigos? Los aborrezco por completo; Los tengo por enemigos. Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; Pruébame y conoce mis pensamientos; Y ve si hay en mí camino de perversidad, Y guíame en el camino eterno."Salmo 139:17-24

"¡Cuán preciosos me son, oh Dios, tus pensamientos!" David intenta contar cuántas veces Dios piensa en él y se rinde: "se multiplican más que la arena". Piensa en una playa entera. Cada grano, un pensamiento de Dios sobre ti. Y después dice una frase de quien despierta en paz: "Despierto, y aún estoy contigo". La noche pasó, y Dios no se fue.
En medio del Salmo vienen unos versículos duros, contra los "hombres sanguinarios". Asustan, pero son honestos: David no le esconde a Dios el enojo que siente contra el mal. Lo lleva todo a la oración, incluso lo que no es bonito. Y eso también es una invitación: puedes contarle a Dios tu enojo, tu herida, el nombre de quien te lastimó. Él lo aguanta. Y es Él quien hace justicia, no tú.
Y entonces viene el final, que es la oración más valiente del Salmo: "Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón". Al principio, David decía "tú me has examinado". Ahora pide "examíname". Es la diferencia entre ser conocido y querer ser conocido. Quien descubrió que es amado por completo pierde el miedo de abrir el corazón. Puede mostrarlo todo, porque sabe que no va a ser rechazado.
"Y ve si hay en mí camino de perversidad, Y guíame en el camino eterno." No es el pedido de quien se cree perfecto. Es el pedido de quien confía lo suficiente para dejar que Dios toque donde duele. Tal vez esa sea la oración que le falta a tu semana: no "Señor, arréglame", sino "Señor, mírame otra vez y llévame". Él lo hará. Todos los días, todas las veces que se lo pidas.
Cómo orar con él hoy
Hoy, haz la oración de los versículos 23 y 24 despacio, una frase a la vez, y detente entre ellas para escuchar. "Examíname" (silencio). "Conoce mi corazón" (silencio). "Ve si hay en mí camino de perversidad" (deja que venga lo que venga). "Guíame en el camino eterno." Si aparece alguna herida o culpa, entrégala ahí mismo. Y mañana, al despertar, di: "aún estoy contigo".
Una oración pequeña
Señor, tú ya me conoces, y aun así te pido: examíname otra vez. Mira mi corazón, toca donde duele, quita lo que me está alejando de ti. No le tengo miedo a tu mirada, porque me ama. Guíame en el camino eterno. Amén.
Para guardar hoy
Quien sabe que es amado por completo no tiene miedo de decir: examíname.