Conocido por completo
"Oh Jehová, tú me has examinado y conocido. Tú has conocido mi sentarme y mi levantarme; Has entendido desde lejos mis pensamientos. Has escudriñado mi andar y mi reposo, Y todos mis caminos te son conocidos. Pues aún no está la palabra en mi lengua, Y he aquí, oh Jehová, tú la sabes toda. Detrás y delante me rodeaste, Y sobre mí pusiste tu mano. Tal conocimiento es demasiado maravilloso para mí; Alto es, no lo puedo comprender."Salmo 139:1-6

"Tú has conocido mi sentarme y mi levantarme." Fíjate en lo pequeño que es el Salmo. No habla de los grandes momentos de tu vida. Habla de la hora en que te sientas en el sofá cansado, de noche, y de la hora en que te levantas en la mañana sin ganas. Dios está atento en esas horas que nadie ve. Las horas comunes. Las horas en que piensas que no le importas a nadie.
Tal vez te acostumbraste a que no te noten. A hacerlo todo y oír pocas veces "gracias". A guardar lo que sientes porque nadie pregunta. Y se fue quedando un cansancio por dentro, unas ganas de desaparecer, o la sensación de que, si desaparecieras, tardarían en darse cuenta. Si es ahí donde estás hoy, lo siento mucho. Ese dolor es real. Y es justamente a ese dolor que Dios le dice: "yo vi".
"Pues aún no está la palabra en mi lengua, Y he aquí, oh Jehová, tú la sabes toda." No necesitas saber explicar lo que sientes. No necesitas encontrar las palabras correctas para orar. Dios ya sabe la frase antes de que salga. Hay días en que la oración es solo un suspiro, y Él entiende el suspiro entero. "Detrás y delante me rodeaste, Y sobre mí pusiste tu mano": no para atraparte, sino para sostenerte.
David termina este pasaje sin poder entenderlo: "tal conocimiento es demasiado maravilloso para mí". No logra medir el tamaño de ese cuidado, y tú tampoco necesitas hacerlo. Solo necesitas dejar que sea verdad hoy. Alguien te ve entero. Alguien sabe por dónde anduviste. Y Él no apartó la mirada.
Cómo orar con él hoy
Hoy, en algún momento común del día (al sentarte a comer, al acostarte en la noche), detente un instante y di: "Señor, tú me ves aquí." Solo eso. No necesitas pedir nada. Después cuéntale una cosa que nadie sabe que estás sintiendo. Él ya lo sabe; pero hacerlo es dejar de cargarlo en soledad.
Una oración pequeña
Señor, tú me has examinado y me conoces. Conoces mi sentarme y mi levantarme, hasta las palabras que no logro decir. Cuando me sienta invisible, recuérdame que tú me ves. Pon tu mano sobre mí hoy. Amén.
Para guardar hoy
En las horas que nadie ve, Dios está mirando. Eres conocido por completo, y amado aun así.