Esperar como quien espera la mañana
"Esperé yo a Jehová, esperó mi alma; En su palabra he esperado. Mi alma espera a Jehová Más que los centinelas a la mañana, Más que los vigilantes a la mañana."Salmo 130:5-6
Fíjate cuántas veces aparece la palabra "esperar" en dos versículos: esperé, esperó, esperado, espera. Cuatro veces. El salmista todavía no salió de lo profundo. Nada cambió por fuera. Pero el grito se volvió espera, y esperar no es resignarse. Resignarse es rendirse sentado. Esperar es quedarse de pie mirando la puerta.
La imagen que elige es la del centinela que vigila toda la noche. Piensa en ese hombre: frío, oscuridad, horas que no pasan, cada ruido puede ser un enemigo. No sabe la hora exacta en que el cielo va a aclarar. Pero hay una cosa que sabe con certeza absoluta, y es esa certeza la que lo mantiene despierto: la mañana viene. Nunca falló ni una vez.
Tal vez estás en tu noche. Un diagnóstico, una respuesta que no llega, un hijo lejos, una oración que parece no subir. El Salmo no promete que la noche será corta. Promete que termina. Y enseña a esperar como el centinela: con los ojos en el horizonte, no en el reloj.
"En su palabra he esperado": su espera no es en el vacío. Está apoyada en lo que Dios ya dijo. Quien espera así no espera por suerte, espera por promesa. Y la promesa de Dios tiene una diferencia: no depende de cómo te sientes a las tres de la mañana.
Cómo orar con él hoy
Elige una promesa que Dios ya te hizo (un versículo que guardas, aunque sea uno solo) y ora con ella: "Señor, en tu palabra espero." Di cuál es esa palabra, en voz alta. Después di cuál es tu noche. Deja las dos cosas una al lado de la otra.
Una oración pequeña
Señor, todavía estoy esperando, y a veces la noche parece demasiado larga. Pero espero como el centinela espera la mañana: sabiendo que viene, porque tú lo dijiste. Sostén mis ojos en el horizonte. Amén.
Para guardar hoy
El centinela no sabe la hora. Pero sabe que la mañana viene. Espera así.