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Salmo 112 · Martes · Salmo 112:1-3

El deleite que se vuelve raíz

"Bienaventurado el hombre que teme a Jehová, Y en sus mandamientos se deleita en gran manera. Su descendencia será poderosa en la tierra; La generación de los rectos será bendita. Bienes y riquezas hay en su casa, Y su justicia permanece para siempre."Salmo 112:1-3
Un olivo joven en una maceta de barro, iluminado por la luz suave de la mañana que entra por una ventana
En la portadaEl olivo joven en la maceta de barro es el versículo 1: quien "en sus mandamientos se deleita en gran manera". El deleite, en el Salmo, es raíz; y la raíz crece despacio, escondida, antes de dar fruto. La luz suave de la mañana que entra por la ventana es el cuidado diario que hace crecer la planta. La maceta de barro es nuestra vida sencilla. Nadie en la foto: la maceta puede ser tuya.

Fíjate en la palabra del versículo 1: "se deleita". No dice "cumple", no dice "se esfuerza", no dice "se disciplina". Se deleita, y en gran manera. El Salmo empieza mostrando a una persona que no está cerca de Dios porque tiene que estar. Está porque le gusta. Porque descubrió que ahí descansa el alma. Y de ese deleite sencillo, de cada día, nace todo lo que viene después en el Salmo, incluso el corazón firme que vamos a ver el jueves.

Tal vez estás en una etapa en la que la Biblia se volvió una tarea más de la lista, y la oración, una exigencia más. Si es así, sin culpa: eso le pasa a cualquiera que anda con el alma cansada. La invitación del versículo 1 no es a que te esfuerces más. Es a que vuelvas a disfrutar. A leer un versículo como quien toma un sorbo de agua en un día de calor, no como quien cumple una meta.

¿Y los versículos 2 y 3? Hablan de una descendencia bendita, de "bienes y riquezas". Cuidado con leer eso como una promesa de dinero garantizado, porque la Biblia está llena de gente fiel que pasó necesidad. El mismo Salmo explica cuál es la riqueza que queda: "su justicia permanece para siempre". Lo que queda de una vida cerca de Dios no es la cuenta del banco. Es el bien que dejó sembrado en los hijos, en los nietos, en quien pasó cerca.

No necesitas tenerlo todo resuelto para empezar. Solo necesitas un pedacito de deleite en Dios hoy. Una frase de la Biblia que te toque. Un minuto de conversación con Él en el camino. Así empieza la raíz: pequeña, diaria, casi invisible. Y es ella la que te va a sostener cuando llegue el viento.

Cómo orar con él hoy

Hoy, no ores por obligación. Elige un momento pequeño y agradable de tu día (el café, la ducha, el camino) y habla con Dios ahí, como quien conversa con alguien a quien quiere. Dile: "Señor, quiero volver a deleitarme en ti." Y repítelo varias veces a lo largo del día.

Una oración pequeña

Señor, a veces estar contigo se volvió una tarea. Devuélveme el deleite. Quiero disfrutarte otra vez, como quien vuelve a casa. Planta en mí una raíz que dure, para mí y para quienes vienen después de mí. Amén.

Para guardar hoy

El corazón firme no empieza en el esfuerzo. Empieza en el deleite de estar cerca de Dios, un poco cada día.

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