Como el padre se compadece
"Como el padre se compadece de los hijos, Se compadece Jehová de los que le temen. Porque él conoce nuestra condición; Se acuerda de que somos polvo. El hombre, como la hierba son sus días; Florece como la flor del campo, Que pasó el viento por ella, y pereció, Y su lugar no la conocerá más. Mas la misericordia de Jehová es desde la eternidad y hasta la eternidad sobre los que le temen, Y su justicia sobre los hijos de los hijos; Sobre los que guardan su pacto, Y los que se acuerdan de sus mandamientos para ponerlos por obra."Salmo 103:13-18
Después de medir la misericordia con el cielo y con el horizonte, David cambia de escala. La trae adentro de casa: "como el padre se compadece de los hijos". Piensa en un padre bueno viendo a su hijo pequeño caerse. No lo regaña por la caída. Corre. La compasión de Dios es así: no es la de un juez que evalúa, es la de un padre que levanta.
Y el versículo 14 explica el porqué, y es una de las frases más tiernas de la Biblia: "él conoce nuestra condición; se acuerda de que somos polvo". Dios conoce tu condición. Sabe que te cansas, que olvidas, que te quiebras. No está sorprendido por tu debilidad. La conoce mejor que tú, y por eso se compadece, y no se enoja.
Los versículos 15 y 16 son duros y honestos: la vida es como la hierba, como la flor del campo. Pasa el viento, y ella perece, y su lugar no la conocerá más. David no está siendo pesimista. Está siendo verdadero. Pasamos. Las cosas que cargamos con tanto peso pasan. Y es justamente ahí donde entra el "Mas" del versículo 17.
"Mas la misericordia de Jehová es desde la eternidad y hasta la eternidad." La flor dura una estación. La misericordia no tiene principio ni fin. Y alcanza a "los hijos de los hijos": lo que Dios hace en tu vida hoy no se detiene en ti. Llega a quien amas, y a quien ellos van a amar. Eres polvo, sí. Polvo que un Padre conoce, levanta y bendice por generaciones.
Cómo orar con él hoy
Hoy, ora como quien tiene un Padre, no como quien enfrenta a un juez. Empieza la oración con "Padre" y cuéntale una debilidad tuya sin defenderte, sabiendo que Él ya conoce tu condición. Después lee el versículo 17 y agradece por la misericordia que va a llegar a tus hijos, o a quien amas.
Una oración pequeña
Padre, tú conoces mi condición. Sabes que me canso y que me quiebro. Gracias por compadecerte, y no enojarte. Tu misericordia es desde la eternidad y hasta la eternidad, y quiero que llegue a quien viene después de mí. Amén.
Para guardar hoy
Dios sabe que eres polvo. No se sorprende de tu debilidad. Se compadece de ella.