Bendigan al Señor, todas sus obras
"Jehová estableció en los cielos su trono, Y su reino domina sobre todos. Bendecid a Jehová, vosotros sus ángeles, Poderosos en fortaleza, que ejecutáis su palabra, Obedeciendo a la voz de su precepto. Bendecid a Jehová, vosotros todos sus ejércitos, Ministros suyos, que hacéis su voluntad. Bendecid a Jehová, vosotras todas sus obras, En todos los lugares de su señorío. Bendice, alma mía, a Jehová."Salmo 103:19-22
El Salmo empezó pequeño: un alma hablando consigo misma. Ahora mira el tamaño que tomó. "Jehová estableció en los cielos su trono, y su reino domina sobre todos." Después de recordar los beneficios, el perdón sin medida y el Padre que conoce el polvo, David levanta los ojos y ve el trono. Todo lo que agradeció viene de Alguien que reina sobre todo.
Y entonces convoca. Ángeles, bendigan. Ejércitos del cielo, bendigan. Todas las obras, en todos los lugares, bendigan. Es como si la gratitud de un solo hombre ya no cupiera en él y necesitara un coro del tamaño del universo. Fíjate: quien empezó dándole órdenes a su propia alma termina llamando a los ángeles. La gratitud crece así. Empieza en un corazón y no se detiene más.
Hay una lección escondida en ese orden. David no empezó por los ángeles. Empezó por él. Primero "Bendice, alma mía", después "Bendecid a Jehová, vosotros sus ángeles". A veces queremos que el mundo entero alabe antes de que nuestra propia boca se abra. El Salmo enseña lo contrario: la gratitud que llega lejos empieza en casa, en el alma de una persona que decidió recordar.
Y el último versículo vuelve al primero: "Bendice, alma mía, a Jehová". El Salmo es un círculo. Empieza y termina en el mismo lugar, pero quien lo lee ya no es la misma persona. En el versículo 1 era una orden difícil. En el versículo 22 es una respuesta natural. Eso es lo que una semana recordando los beneficios de Dios hace con nosotros.
Cómo orar con él hoy
Hoy, ora hacia afuera. Lee los versículos 20 a 22 en voz alta, como quien de verdad convoca. Después agradece a Dios por tres cosas que no son tuyas: una persona, un lugar y algo de la naturaleza que te recuerde que Él reina. Y termina con el versículo 22, despacio.
Una oración pequeña
Señor, tu trono está en los cielos y tu reino domina sobre todo, incluso sobre lo que me asusta. Que los ángeles te bendigan, que toda obra tuya te bendiga, y que mi alma no se quede afuera. Bendice, alma mía, al Señor. Amén.
Para guardar hoy
La gratitud que llega a los ángeles empezó en un alma que decidió recordar. Empieza por la tuya.