No vuelve vacía
"así será mi palabra que sale de mi boca; no volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo quiero, y será prosperada en aquello para que la envié."Isaías 55:11
Estamos casi al final del mes, y quizá esté apareciendo una pregunta: "¿será que todo esto que leí se quedó en mí? No me acuerdo de los versículos de memoria...". Dios responde antes de la pregunta, con una imagen de lluvia: así como el agua baja del cielo y no vuelve sin regar la tierra, la Palabra que sale de su boca NUNCA vuelve vacía. Ninguno de los 27 días que leíste fue desperdiciado.
Fíjate en la física de la imagen: nadie ve a la lluvia trabajando. Cae, desaparece en el suelo, y aparentemente se acabó. Pero semanas después el campo está verde, y nadie puede señalar qué gota hizo qué. La Palabra actúa igual: baja, desaparece en la tierra de la vida, y trabaja en lo escondido. No te acuerdas del almuerzo de hace tres semanas, pero te alimentó. No te acuerdas de cada versículo del mes, pero te formaron.
Y el contexto del capítulo lo hace todo aún más hermoso: es la famosa invitación "a todos los sedientos: vengan a las aguas... sin dinero y sin precio". La lluvia de Dios no se vende, se derrama. El mismo capítulo que promete que la Palabra no vuelve vacía empieza invitando a cualquiera, gratis, a ponerse debajo de ella. Y remata diciendo que esa Palabra "será prosperada": no solo llega, da fruto.
Aplicación: esta promesa también vale para lo que siembras en los demás. La palabra dicha al hijo que parece no escuchar, la oración por la persona que parece no cambiar, el versículo compartido que parece caer en el vacío: no cayó. Está germinando debajo de un suelo que no ves. Hoy, siembra una semilla más en alguien, sin exigir que brote de inmediato. Y confía en la lluvia.
Para guardar hoy
La semilla de la Palabra no se pierde.
Si todavía no brotó, es porque está germinando.