Permaneced en mí
"Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí."Juan 15:4

"Permaneced en mí, y yo en vosotros." Fíjate que es una invitación, no una tarea. Jesús no dice "vengan a visitarme de vez en cuando". Dice: quédense. La palabra que muchas Biblias traducen como "permanecer" es, en griego, la palabra de quien se queda, de quien vive en un lugar. Jesús no quiere ser una visita en tu vida. Quiere ser tu casa.
Solemos tratar a Dios como una sala de emergencias: corremos a Él cuando duele y desaparecemos cuando mejoramos. Y entonces cada crisis parece empezar de cero, con esa vergüenza de "hace tanto que no oro, ¿con qué cara vuelvo?". Si te reconoces ahí, no hay ningún regaño en esto. Jesús sabía que somos así. Por eso Él pidió: quédate.
Y fíjate en la segunda mitad: "y yo en vosotros". No eres solo tú quien se queda en Él. Él se queda en ti. La unión tiene dos lados, y el lado de Él no falla. En los días en que te olvidas de orar, Él no se olvidó de ti. Permanecer, en el fondo, es volver a darte cuenta de Quien nunca se fue.
Y permanecer no es hacer muchas cosas. Son pequeños regresos a lo largo del día: un "Señor, aquí estoy" en el tráfico, un versículo con el café, un gracias antes de dormir. Como el pámpano, que no hace nada espectacular. Solo no se suelta.
Cómo orar con él hoy
Hoy, elige tres momentos comunes del día: al despertar, en el almuerzo y al acostarte. En cada uno, di solamente: "Jesús, yo permanezco en Ti." Puede ser en silencio, con los ojos abiertos, en medio de todo. No se trata del tamaño de la oración. Se trata de no soltarte.
Una oración pequeña
Jesús, Tú me invitas a quedarme. Perdóname por correr a Ti solo cuando duele. Hoy quiero quedarme en Ti, en las horas buenas y en las comunes. Y gracias, porque Tú te quedas en mí incluso cuando yo me olvido. Amén.
Para guardar hoy
Permanecer no es hacer mucho. Es no soltarse. Y del lado de Él, la unión nunca falla.