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Salmo 112 · Viernes · Salmo 112:9-10

Manos abiertas, corazón en paz

"Reparte, da a los pobres; Su justicia permanece para siempre; Su poder será exaltado en gloria. Lo verá el impío y se irritará; Crujirá los dientes, y se consumirá. El deseo de los impíos perecerá."Salmo 112:9-10
Una mesa de madera sencilla con un pan partido por la mitad y una jarra, junto a una puerta abierta por la que entra una luz cálida
En la portadaLa mesa sencilla con el pan partido por la mitad es el versículo 9: "reparte, da a los pobres". El pan partido es para compartir; la jarra es para servir. La puerta abierta por la que entra una luz cálida dice que la casa de quien tiene el corazón firme no se queda cerrada. Quien no vive con miedo al mañana puede abrir las manos hoy. Nadie en la foto: el lugar en la mesa puede ser tuyo.

El Salmo termina en un lugar inesperado. Después de hablar del corazón firme, habla de manos abiertas: "Reparte, da a los pobres". Parece un cambio de tema, pero no lo es. Quien vive con miedo al mañana aprieta las manos, guarda, retiene, se cierra. Quien tiene el corazón firme en Dios puede abrirlas. Porque no necesita aferrarse a todo para estar en paz. Su seguridad está en Otro lugar.

Piénsalo con cariño, sin exigencia: el miedo tiene una manera de hacernos pequeños, mirando solo hacia adentro. Y a veces el mejor remedio para un corazón asustado es mirar al lado y cuidar de alguien. Un mensaje para quien está en soledad. Un plato de comida. Una hora de escuchar. No porque te sobre, sino porque dar le devuelve al alma el tamaño que el miedo le había quitado.

Y el versículo 10 muestra el contraste: el impío lo ve, se irrita y "se consumirá". Fíjate en la palabra. Quien vive solo para sí, aferrado a lo que tiene, termina consumido por dentro: por la envidia, por la ansiedad, por el miedo a perder. No es un castigo que viene de afuera. Es el peso natural de una vida cerrada. El Salmo no te pide que odies a nadie. Te muestra dos caminos y te invita al que lleva a la paz.

Empezó con el deleite en Dios, pasó por la luz en la oscuridad, afirmó el corazón frente a las malas noticias y terminó con las manos abiertas. Así crece la raíz: hacia adentro, firme, y hacia afuera, generosa. Que esta semana deje en ti las dos cosas.

Cómo orar con él hoy

Hoy, pídele a Dios que te muestre a una persona que necesita algo que tú puedes dar: tiempo, una ayuda, una palabra. Y hazlo hoy, aunque sea pequeño. Mientras lo haces, ora en silencio: "Señor, abre mis manos y afirma mi corazón."

Una oración pequeña

Señor, el miedo me cierra. Abre mis manos. Enséñame a confiar tanto en ti que no necesite aferrarme a nada para estar en paz. Muéstrame hoy quién me necesita, y dame alegría al dar. Amén.

Para guardar hoy

Un corazón firme en Dios abre las manos. Es el miedo el que las cierra.

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